Museo

[Columna] Restitución: Cuando el derecho cultural se transforma en desafío irruptivo

Por: Francisca Ortiz Sepúlveda. Antropóloga Sociocultural Chilena. Diplomada en Métodos de Análisis para el trabajo en Ciencias Sociales. Estudiante de Especialización en Museos, Transmisión Cultural y Manejo de Colecciones, Universidad de Buenos Aires, Argentina. 

Los Museos han transitado a lo largo de la historia en distintas esferas y contextos que lo han llevado a experimentar transformaciones paradigmáticas, y a partir de esto, replantear su rol en/hacia la sociedad. Dentro de los elementos que componen a un museo como tal, las colecciones (cultura material) son su eje principal y sea cual sea el formato de estas (digitalizadas, exhibidas en sala o conservadas en depósitos) es la cultura material la que construye el relato propio de un Museo.

Junto con la cultura material, hay otro elemento fundamental en el Museo que está implícito en su discurso institucional, con esto me refiero a la “transmisión cultural”, representada en “qué” es lo que dice, “cómo” y “para quiénes”. Esto es la base del posicionamiento que asume el Museo frente a hechos históricos y la estrategia con la que aborda las temáticas correspondientes a sus colecciones.

Entonces, según lo anterior, tenemos una dimensión material conformado por las colecciones, una dimensión inmaterial arraigada en el mensaje que se transmite al visitante a partir de su colección, y cabe mencionar una tercera dimensión relacionada con la conformación del Museo como institución.

El origen de los Museos está dado a partir de dos momentos históricos: el Coleccionismo y la Ilustración. Fue durante el Coleccionismo cuando se originaron las llamadas “cámaras de maravillas”, “cámaras artísticas” o “gabinetes de curiosidades” que a su vez fueron propiedad de iniciativas privadas de aristócratas y monarcas(1). Durante estos siglos XVI y XVII se realizaron y fomentaron las grandes exploraciones y “descubrimientos”, por ende, la práctica de colectar y acumular se convirtió en un ejercicio de suma importancia con tal de mostrar hallazgos- “rarezas” propias de la naturaleza y las culturas. Fue a mediados del siglo XVIII, en el período de la Ilustración, cuando estas colecciones privadas comenzaron a formar parte del patrimonio nacional fortaleciendo los intereses estatales. ¿Por qué? Porque pasaron a ser parte de un proyecto cuyo objetivo fue formar/educar a la sociedad de la época, a partir de estos objetos, contribuyendo a la apropiación y a su vez fomentando la idea de una identidad colectiva. A medida que pasó el tiempo, este proyecto fue tomando nuevo impulso y la Revolución Francesa tuvo gran importancia en dicho proceso. A partir de entonces, los Museos comienzan a operar bajo la idea de un “patrimonio colectivo”, cuya construcción ideológica genera espacios de legitimación de diversos proyectos estatales.

Lo anterior, es una breve acotación de la historia por la que han transitado los Museos, cabe mencionar que cada continente y cada país ha contribuido para que la imagen y rol del museo tenga una definición propia. Sin embargo, el origen del Museo es el peso que por muchos años ha dificultado la transformación reveladora. El pasado con el que carga el Museo es la fiel imagen de sus conflictos actuales; Museos con visión clásica-tradicional, Museos transformados en bodegas, Museos carentes de guión, Museos cuyas colecciones han sido donadas, regaladas u obtenidas de dudosas campañas de expedición, con dudoso origen y dudosa participación de quienes fueron sus propietarios originales.

Un caso cercano a esto, es lo que ocurre con los Moai de Rapa Nui. Desde hace siglos que esta comunidad ha sufrido el saqueo de su patrimonio arqueológico; piezas, objetos y monumentos que están estrechamente ligados a la espiritualidad de la isla, en este punto se debe entender que estas figuras son el equivalentes al cuerpo de nuestros antepasados, por ende son piezas sagradas e intocables.

En una entrevista (2018) dada por Camilo Rapu, Presidente de la Comunidad Mau Henua(2), menciona que en el Mundo y en Chile circulan cerca de 20 Moai y 25 tablillas rongorongo (Kohau)(3), en 13 puntos menciona las diversas ciudades que han sido parte de esta apropiación indebida: Londres 1868 Un  ́regalo ́ para la Reina Victoria que terminó donando al museo. El Moai fue sacado en el marco de la destrucción de su instalación natural. La gran casa de Orongo en la que estaba emplazado”, Paris 1872 Ciudadanos franceses derribaron los moais del ahu Vaihu. La pieza está en el Museo del Hombre de París. Otras fuentes nos indican que estaría en otro museo, el Museo Branly”, “En el museo de Louvre de Paris, existe una cabeza de 1,70 metros de altura, que tiene una data de los siglos XI y XV. Esto habría llegado ahí por un regalo del Gobierno de Chile en 1935”, Estados Unidos 1886 “Buque norteamericano se llevó una cabeza de moai. Lo llevado de la isla está en el Smithsonian Museum of Natural History de Washington D.C., donde también se encuentran dos tablillas rongorongo”, Francia y Bélgica “Realizaron una expedición a la isla entre 1934 y 1935. Según los informes de varios cronistas se llevaron varios objetos; entre ellos moai llamado Pou Hakanononga, que hoy está el Museo Real de Bruselas”. Chile 1953 Museo Fonck de Viña del Mar Moai One Makihi más una cabeza de Moai, estos por mencionar algunos.

Este caso de solicitud de restitución se enmarca dentro de una larga lista de petitorios internacionales, por ende, no es una situación aislada. Lamentablemente en Chile, la Ley 17.288 de Monumentos Nacionales poco y nada se refiere a la defensa y legitimidad sobre el proceso de restitución y su aplicabilidad, no hay norma que haga seguimiento a un proceso y mucho menos hace referencia en la particularidad de que este hecho sea llevado a cabo por Pueblos Originarios. Por suerte, y a beneficio de la causa Rapa Nui en la Declaración de las Naciones Unidas sobre el derecho de los Pueblos Indígenas (2007) se establece el deber de los Estados de reparar a los Pueblos Indígenas que se han visto vulnerados “Los Estados proporcionarán reparación por medio de mecanismos eficaces, que podrán incluir la restitución, establecidos conjuntamente con los pueblos indígenas, respecto de los bienes culturales, intelectuales, religiosos y espirituales de que hayan sido privados sin su consentimiento libre, previo e informado o en violación de sus leyes, tradiciones y costumbres”4

Esto es un llamado a la modificación y adaptación de los mecanismos regulatorios para incluir la restitución como un derecho legítimo y dejar de concebirla como “un favor” o “préstamo”, sino más bien reconocer el compromiso hacia los derechos humanos respecto al cuidado y administración del patrimonio cultural de quienes corresponda dicha apropiación.

Se suman a este ejemplo la lucha de la nación Africana para exigir la devolución de la Piedra Rosetta, que desde 1802 se encuentra en el Museo Británico o el caso de los tres tótems que se exponen en el museo Quai Branly de París pertenecientes a Benín (África) desde donde piden su restitución asegurando que fueron robadas en 1892 por tropas Francesas durante el saque al palacio Abomey (capital). En Latinoamérica famosos son los casos de restitución de restos humanos por parte del Museo de la Plata (Argentina) que después de incansable lucha y conversaciones entre Pueblos Originarios y profesionales del Museo, han logrado la devolución paulatina de sus antepasados para así reincorporarlos a sus comunidades y cumplir con su cosmovisión.

Es así como se puede vislumbrar la responsabilidad política que hay detrás de un Museo, sobre todo ahora que entendemos que cuyo nacimiento se origina a partir de colecciones proveniente de diversos contextos, las que a su vez, fueron configurando discursos y construyendo identidades. Museos que hoy por hoy son instituciones que protegen, difunden, restauran y resguardan aquel patrimonio que “nos pertenece”[?]… Malo o bueno, no podemos desconocer que son los equipos profesionales de Museos quienes se encargan de la conservación y que por ende, durante cada restitución, tanto los Organismos Internacionales, el Estado y las Comunidades demandantes deben garantizar la continuidad de este cuidado y conservación sin transgredir los métodos que cada quién estime necesario, pero sin olvidar que cada “objeto” lleva consigo un contexto, un relato que es válido y es único cuya historia trasciende favores políticos mediáticos, academicismos y dudosas apropiaciones.

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(1)Reca, María Marta (2016) Antropología y Museos. Un diálogo contemporáneo con el patrimonio. Editorial Biblos, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

(2)Recuperado de https://www.eldesconcierto.cl/2018/09/17/comunidad-rapa-nui-donde-estan-mas-de-20-moais- 25-tablillas-rongorongo-y-diferentes-piezas-arqueologicas/

(3) Ver en https://pueblosoriginarios.com/pacifico/pascua/rongorongo.html

(4) Ver en https://www.acnur.org/5b6c56074.pdf

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